OSASUNA – BARCELONA (2-2)

Ansu Fati, el goleador más joven de la historia del Barcelona en la Liga (16 años y 304 días), marcó el tanto que iniciaba el intento de remontada del Barcelona en El Sadar. Vio centrar a Carles Pérez e impulsó su cuerpo en busca del cabezazo soñado. Quedó suspendido como si le estuvieran agarrando los remolinos de ‘La noche estrellada’ de Van Gogh. Ni siquiera supo cómo celebrar aquello. Simplemente, movía la cabeza y decía a sus compañeros que no se lo podía creer. En ese circo de tres pistas sobre el que viene desarrollándose últimamente el fútbol, tanta inocencia impacta.

Sin embargo, a Ansu Fati no compete en realidad semejante responsabilidad en el Barcelona. El mismo club entregado a la megalomanía de su presidente. Deprimente el equipo azulgrana en el primer tiempo, no logró aprovechar su mejoría en el segundo. Una vez se puso por delante, gracias al primer gol de Arthur desde que viste la camiseta barcelonista, los de Valverde volvieron a retroceder. La irresponsabilidad de Piqué al sacar a pasear el brazo en el área zanjó la tarde con empate descorazonador. El Barça ha sumado cuatro puntos de nueve posibles en las tres primeras jornadas.

Frente al delirio, ni siquiera fútbol. Cero disparos del Barcelona en la primera parte. Un juego horrible. Rakitic, grave daño colateral del sainete del mercado, desencajado en el banquillo. Frankie de Jong, el fichaje estructural del club, desubicado durante todo el primer acto y sin realmente saber qué hacer en un dibujo en el que los interiores parece que tengan como consigna alejarse del balón. Y Griezmann, sin juego ni aliados que le alimenten, consumido por la presión de los centrales en uno puesto de delantero centro que no es el suyo.

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